Numerosas enfermedades, muchas de ellas graves, pueden ser tratadas y curadas si son diagnosticadas “a tiempo”. Y el diagnóstico “a tiempo” significa detectarlas antes de que den síntomas, cuando se goza de aparente buena salud, ya que la enfermedad todavía no ha dado síntomas. Es por esta situación que los estudios en estado de salud, llamados comúnmente chequeos, adquieren fundamental importancia. El ejemplo más común es la hipertensión arterial. Tener cifras altas de presión arterial provocan un desgaste prematuro de las arterias, que se van obstruyendo con placas de arterosclerosis originando las dos primeras causas de muerte en el mundo: el infarto de miocardio y los accidentes cerebrovasculares. Si a esto se agrega diabetes, obesidad, hábitos de alcoholismo y tabaquismo se conforma una situación de altísimo riesgo de muerte de origen cardiovascular. Esta situación se ve particularmente agudizada por el hecho de que alrededor de la mitad de los pacientes con hipertensión, ignoran que la padece, por no controlarse la tensión arterial. Entonces de aquí surge la necesidad, no solo del control periódico de la tensión arterial, sino de también análisis de sangre para detectar tempranamente excesos de azúcar (hiperglucemia) o de grasas (colesterol entre otras). Por supuesto, el hábito de fumar y el alcohol deben ser evitados si se padece de hipertensión, especialmente si las cifras son muy altas. El control periódico del peso, resulta especialmente útil porque la obesidad es un aliado de la hipertensión en la destrucción del organismo humano. También deben hacerse, entre otros los chequeos oncológicos. Cerca del 60% de los cánceres, podrían ser curados, si la gente perdiera el miedo de concurrir al médico en salud para su chequeo. Los cánceres de mama y de cuello uterino en la mujer y de pulmón y próstata en el hombre son los más frecuentes. Mediante un simple examen clínico y ginecológico y con algunos sencillos estudios complementarios como la mamografía y el PAP, se podrían solucionar con criterio curativo los cánceres de mama y cuello uterino. En el hombre una simple radiografía de tórax y un análisis de sangre, efectuados únicamente luego del examen clínico del paciente, pueden llevar a la curación de estas enfermedades. En la prevención de las enfermedades cardiovasculares y oncológicas, los hábitos de vida (comida saludable y ejercicios físicos diarios) constituyen junto al chequeo médico periódico, los pilares de la salud y de la calidad de vida. Muchos no hacen sus chequeos por miedo a que le detecten enfermedades. Queremos ejemplificar esta inadecuada actitud, mediante este gracioso pero certero poema titulado
“CHEQUEO MEDICO DE MARTÍN FIERRO”. Dice así:
Si sos un tipo feliz sin temores y sin miedos,
no se te ocurra jamás dejarte hacer un chequeo,
porque te vas a enterar, sin siquiera suponerlo,
que estas en las diez de últimas aunque te cueste creerlo.
Seguro van a decirte que te sobran triglicéridos,
lo mismo que fosfolípidos, sin colesterol del bueno,
y que por los ateromas; que ellos te van produciendo,
ya tenés la cañería tapada de medio a medio;
que eso preanuncia un infarto, que todo es cuestión de tiempo...
También te puede ocurrir que te encuentren un bloqueo,
una elongación de aorta, taquicardia sinusal,
que habrá que parar a tiempo,
o una isquemia de cuidado en el ventrículo izquierdo.
Son enormes las variantes del informe del chequeo,
todo es cuestión del color del cristal de tu galeno;
inflamación en el colón, irritación en el recto,
que el intestino delgado no absorbe los alimentos;
exceso de fosfatasas o carencia de anticuerpos;
que puedas tener mareos, por culpa del oído medio,
enfisema pulmonar, úlcera en el duodeno,
insuficiencia renal, cálculos en el colédoco;
y hasta te pueden decir aunque no entiendas ni medio,
que "hay una falla en el ácido desoxi-rribonucleico".
Y aunque te sientas fenómeno y así le insistas al médico,
lo tenés que aceptar todo porque lo dice el chequeo.
Lo que más te va a asombrar -aunque en esto sea un lego
es la gran similitud de todos los tratamientos,
excluyendo por supuesto, el tema medicamentos;
siempre una dieta hiposódica, andar kilómetro y medio,
y nada de carnes rojas ni embutidos ¡y ni quesos!
si pescado -bien hervido- y pollo, pero sin cuero.......
Tendrás que decirle adiós a tus grandes compañeros:
el whisky y el cigarrillo, y hasta el cafecito negro,
si a vos, que antes del chequeo, casi te creías Tarzán,
poco menos que un pendejo,
te digan "que estás pa´l jonca, si no lo tomás en serio...
Por eso querido amigo a aconsejarte me atrevo:
si sos un tipo feliz, sin temores y sin miedos,
¡No se te ocurra jamás, DEJARTE HACER UN CHEQUEO!
Grave error. ¡Hagamos el chequeo y nos esperará una vida larga y saludable!
martes, 10 de febrero de 2009
NUEVAMENTE LA FIEBRE AMARILLA: ¿QUE DEBEMOS HACER?
Después de mucho tiempo sin padecerla, los últimos años han mostrado que, la fiebre amarilla, vuelve a ser un problema sanitario de envergadura. Esta afección es una enfermedad infecciosa aguda de origen viral, que se transmite a través de la picadura del mosquito Aedes aegypti y que tiene una alta tasa de mortalidad. La fiebre amarilla, debe su nombre a que la persona infectada puede llegar a tener un compromiso hepático que le da un color amarillento a la piel (ictericia). El agente que produce la enfermedad es un virus que se propaga a través de mosquitos que pican a animales o humanos infectados y lo propagan al picar a otros sanos. En el país el vector es la hembra del Aedes aegypti y se puede reconocer por su dorso y sus patas con rayas blancas y negras. Este insecto, para reproducirse necesita proteínas que las obtienen de la sangre de las personas picadas. Por los hábitos de los mosquitos, los momentos del día de mayor riesgo de picadura, son principalmente antes del amanecer y dos horas después de la puesta del sol. Luego de una ingestión de sangre infectada, la mosquita puede transmitir el virus después de un período de 8 a 12 días de incubación y por el resto de su vida. La incubación de la fiebre amarilla en los humanos dura entre tres y seis días y el síntoma común es la fiebre, pero en un cuadro clínico grave se pueden desarrollar hemorragias, vómitos y compromiso hepático. El 50% de las personas que llegan a esa instancia mueren; por eso es importante su detección precoz. La enfermedad no tiene un tratamiento específico. Sólo requiere un control de las condiciones de hidratación y equilibrio químico del organismo del enfermo. El brote de fiebre amarilla actual, en Paraguay y Brasil, es básicamente selvático y se concentra en las poblaciones de monos aulladores. En Argentina, se calcula que hay más de 20.000.000 de personas expuestas, pero la población susceptible de enfermarse somos todos. Para el brote actual, han contribuido dos fenómenos: los desmontes, porque debido a ellos las poblaciones de monos aulladores infectados con el virus de la fiebre amarilla migraron y se acercaron a zonas urbanas de Brasil, y el calentamiento global que ayuda a la propagación de los mosquitos portadores del virus, hecho que aumenta las probabilidades de que la enfermedad se difunda. Uno de los mayores riesgos de salud pública es el huésped humano infectado por el virus, que viaja de una región a otra, ya sea por trabajo, visita familiar o turismo, y de esta forma va difundiendo el virus, de una zona a otra. El virus circula entre los primates y pasa a otros mosquitos que se alimentan de su sangre, quienes a su vez pican a humanos que entran en la selva y producen casos esporádicos de fiebre amarilla. Lo preocupante ocurre cuando una persona infectada en la selva se desplaza durante la fase de viremia hacia centros urbanos con elevada densidad de Aedes aegypti. Las acciones a seguir para evitar la propagación de la enfermedad son: fumigaciones, erradicación de basurales y malezas y eliminación de pozos con aguas estancadas, además del entierro de cubiertas de vehículos. Quienes viajen hacia Misiones, Formosa, Paraguay o Brasil deberán vacunarse contra la fiebre amarilla. Aquellos que se encuentren en esas zonas de vacaciones y vuelvan al país, si aún no se vacunaron, es recomendable que se hagan un chequeo médico para descartar el contagio y, en caso de tener la enfermedad, que sean tratados de manera inmediata. ¿Quiénes deben vacunarse?: los expertos indican que recibir la dosis aquellas personas que se dirijan a las zonas de riesgo. La vacuna, que posee una cobertura de diez años, no puede aplicarse a los menores de un año, mujeres embarazadas o personas mayores con problemas en su sistema inmunológico. Sucede que la dosis está compuesta por virus atenuados, y al tener las defensas disminuidas, podría correrse el riesgo de contraer la enfermedad
lunes, 9 de febrero de 2009
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